Fatalidad

Allí estaba ella, en un oscuro rincón su vestido teñido de color rojo, al igual que sus manos, las lagrimas rodaban por sus mejillas sin detenerse más allá; podía notarse la luz de la luna filtrandose por la ventana, era una habitación sumergida en el silencio total, en medio de está se encontraban una cama a simple vista, parece que alguien duerme, pero al observar detenidamente la sangre alrededor, es visible incluso sobre la alfombra al acercarse se puede notar todos las heridas en el cuerpo del hombre, incluso su mano derecha había sido cercenada y su cuello cortado. 

A unos pocos metros un cullicho cubierto totalmente de ese líquido color rojo. Ella sigue sin moverse, su respiración está agitada mientras observa aquella macabra escena y finalmente luego de un largo suspiro sonríe como si estuviera aliviada y fuera libre.

Había acabado, 3 años de matrimonio de los cuáles los últimos dos ella había sido golpeada cada día, el galante caballero del cual se enamoró y con el que decidió pasar el resto de su vida, en un hermoso castillo, como en los cuentos de hadas se convirtió en un monstruo y hizo su vida miserable cada día.
Odiaba mirarse al espejo, evadia su propia mirada, se sentía avergonzada, su rostro y brazos estaban cubierto de moretones, no existía suficiente maquillaje para tapar esas heridas a pesar de eso lo que le dolía era su alma, ese dolor y esas heridas no sanaban.
Sentía impotencia, pánico y miedo.

No sabe que hacer, no sabe como pedir ayuda, no puede escapar de ese monstruo, observa el anillo de oro en su dedo,ahora es un grillete que la encadena en aquella prisión que la consume lentamente día con día. Llegó a pensar que ese era el precio que debía soportar por su amor, que un día todo iba a cambiar y finalmente serían felices.
Nunca llegó la felicidad; los abrazos, las rosas y las disculpas cesaron por completo y sus besos y caricias se transformaron por completo en empujones y puñetazos. El suicidio cruzo por su mente, dormir para siempre y no sentir más nada era algo tentador pero se sentía tan cobarde que no era capaz de hacerlo.
Finalmente algo se rompió en su interior y todo fue claro en mucho tiempo debía acabar con las cadenas que la oprimian debía destruir al ogro del castillo para conseguir su libertad.
Era una fría noche de Noviembre y la luna se había tornado de un color rojizo cómo si reclamará sangre, cómo sí quisiera descender su venganza sobre la tierra y teñirla de rojo.
Ella parecía poseída por la luna y se dirigió a la cocina mientras el monstruo dormía y cogió el cuchillo más largo y afiliado, se dirigió a la habitación decidida a conseguir su libertad y dejar caer toda su furia sobre él o morir en el intento.

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